Poblado del Boralar en Lérida, cuyo plano aparece en la Diapositiva, es un poblado rural de creación campesina, que perdura en el siglo VIII tras la ocupación musulmana. Su estructura es la de un conjunto de barrios en torno a una plaza pública, rectangular. Barrio N, en el que aparecen unas estancias domésticas y establos, almacenes y espacios de transformación agrícola (lagares); podrían ser núcleos familiares en torno a un espacio común. Barrio S, en el que se instalaría con el tiempo la Iglesia, emparentada con iglesias de las Baleares, menorquinas, de triple cabecera, presbiterio, cuerpo con tres naves, v baptisterio a los pies, de los siglos V y VI, de influencia norteafricana mediterránea, más que peninsular.
MONASTERIOS, IGLESIAS Y EREMITORIOS. LA EXPANSIÓN IDEOLÓGICA.
El marco general es una tradición hispánica, paleocristiana, con iglesias del siglo IV/V, como sustrato principal de la arquitectura visigoda, si bien esta afirmación hay que relativizarla. De época Visigoda, mejor que la arquitectura visigoda (aportaciones germánicas escasa, ya que poseen porque tradición de arquitectura, ya que son de tradición nómada), continúan con las formas tradicionales latinas.
En la Península Ibérica hay tres corrientes de influencia: la tradición Hispánica (tardorromana); la de influencia oriental, bizantina (planta central desde el siglo VI) y la norteafricana (Iglesias de ábsides contrapuestos), dando como resultado las iglesias de las Baleares.
En los siglos IV-V, en una época previsigoda, de arquitectura paleocristiana, las iglesias se desarrollan en el mundo urbano o en Villae rústica (Señores que construyen iglesias particulares en su propio dominio)
En el siglo VII se desarrolla la iglesia de época visigoda, son mejor conocidas por su conservación, parece que están en un espacio aislado, algo que no debió ser así en su momento ¿En qué contexto estarían?. Quizá alguna esté originariamente aislada, como centro de culto parroquial, y en su entorno varios núcleos campesinos. Pero se piensa más en pequeños poblados o dominios que no han perdurado, ya que las iglesias fueron restauradas después por el reino astur-leonés, siendo el resto abandonado o reutilizado, o que fueron iglesias monásticas ya en época visigoda (pequeñas congregaciones que trabajan en común, con un abad o jefe que tiene una iglesia para el culto). La Cronología de estas iglesias, se adscribe al reino visigodo (Siglo VII) o al astur-leonés.
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S. IV: Iglesias Paleocristianas.
S. V: Iglesias de Transición.
S. VI/VII: Iglesias Visigóticas.
En lo que se refiere a los casos de Iglesias Paleocristianas en la Península Ibérica, apareen ejemplos en Murcia (La Alberca); León (Marialba) y Barcelona (Santa María, San Miguel y San Pedro de Tarrasa) (lámina 16), en las que destaca la similitud con edificios o habitaciones de algunos ya vistos en ambientes áulicos (Oecus) o en Villae y Palacios Suburbanos, como las exedradas (nave rematada con una habitación de sección ultrasemicircular). Destaca la planta basilical, con o sin crucero, de una nave (excepcionalmente de tres).
Iglesia de Marialba, (León), posee una planta similar a muchas salas de tipo Oecus vistas en las Villae, rematadas con una exedra, de planta ultrasemicircular. Se trata de una basílica del siglo IV, aunque posteriormente se magnifica, cuya principal modificación es el añadido de una cúpula en el centro de la nave, para lo cual se crean unos machones, ahuecados en su centro (unas ornacinas), para poder soportar el peso extra que supone esta nueva techumbre. Las ornacinas interesan porque algo similar ya se había visto en el caso del Aula de Veranes. Con esta solución, se pretende transformar una basílica de planta longitudinal, en otro tipo, imperante en esta época, que es la de planta central. Si bien su longitudinalidad se mantiene, lo cierto es que la cúpula central desvirtúa un poco el desarrollo hacia el altar mayor. Otra modificación que sufre la iglesia, es el añadido a sus pies, de un nártex, rematado en sus extremos por exedras, que recuerda al pasillo que separaba el atrio del Oecus en el caso de la Villa de Materno.
En los siglos V y VI, se van a propagar otros tipos, denominado este periodo, de Transición de los Paleocristiano a lo Visigodo, destacando un grupo, que es el que presenta dos ábsides contrapuestos. Y es que en esta época se pueden ver cuatro tipos de Iglesias:
Las que siguen la tradición paleocristiana de planta basilical de una/tres naves, con ábside semicricular/ultrasemicircular (Tarraco, Burgos, Segovia...).
En el caso de Tarraco, en la arena el anfiteatro, y construidas con piedra extraída del propio edificio romano, se construyó una iglesia de tres naves, con necrópolis a un lado ante el ábside, en lo que tendría que corresponder al presbiterio. Se relaciona también con una tradición martirial.
Otro grupo es, del siglo VI, el de las iglesias con tres naves, así como tres ábsides en la cabecera de muro de testero recto, que recoge la tradición itálica basilical y cierta influencia norteafricana, con presbiterio a los pies, que aparece en varias iglesias Tripolitanas.
Un tercer caso es el denominado propiamente de Transición, que es el característico de esta época y destaca por la presencia un cuerpo de naves dividido en tres, y en los extremos dos ábsides, contrapuestos, es decir, uno a los pies y otro a la cabecera. En estos casos, la influencia norteafricana es mucho más patente. Este caso está relacionado con la evolución del ritual. Se cree que el ábside a los pies, sin ningún uso especifico, pudiera ser para la repetición de la liturgia. Ejemplos de este tipo, son los de la Lámina 14, en la Villa de la Cocosa, en Badajoz. Otro caso de este tipo es de la basílica de una villa e época tardorromana, de la zona de Málaga, en los suburbios de una ciudad romana, también con resabios norteafricanos: se trata de la Basílica de Vega del Mar en San Pedro de Alcántara. Se trata de una basílica de entrada lateral, con tres naves y ábsides contrapuestos, más una especie de atrio que posteriormente se extiende a los alrededores de la basílica.. También existen estancias a ambos lados del ábside, donde se colocaría el baptisterio, donde aparece una piscina bautismal tallada monolíticamente sobre una piedra y de planta lobulada.
Un último tipo es el de la Iglesia cruciforme inscrita en un rectángulo. Se trata de una planta a medio camino entre la basilical y la cruciforme. Villa Fortunatus es un ejemplo de ello (Lámina 15).
A partir del siglo VII, se desarrolla la tradición más típicamente visigoda, con las influencias típicas procedentes del Norte de Africa.
En la lámina 17 aparecen los ejemplos más importantes de iglesias de este periodo, que se diferencian en los siguientes tipos:
Cruciformes: como es el caso de Santa Comba de Bande (sufrió una reconstrucción completa durante el altomedievo). Su planta responde a un modelo sirio/palestino bizantino, transmitido a través del norte de Africa.
Basilical/Cruciforme: San Pedro de la Nave, San Giâo de Nazaré; o Santa María de Quintanilla de las Viñas son varios ejemplos. Se trata de una planta cruciforme con desarrollo de tres naves.
En tercer lugar está la iglesia de tres ábsides independientes y planta basilical, con cierta idea cruciforme.
San Pedro de la Nave. (lámina 17; planta 8). Presenta problemas de ubicación, ya que fue trasladada para evitar que fuese sumergida por las aguas de un pantano. Se trata de una iglesia de planta basilical, con tres naves, mayor la central que las laterales, destacando en altura el transepto, que se encuentra a la misma altura que la central, fomentando la idea de cruciforme, rematada por un cimborrio, añadido con posterioridad. En el interior, la cabecera se enmarca bajo un arco de herradura, cuyo frente está recorrido por una línea de imposta que se detiene sobre los capiteles de las columnas que sustentan dicho arco. Capiteles de sección troncopiramidal invertida, que albergan una decoración geométrica, de gran simbolismo. En el crucero, se colocan en las esquinas cuatro columnas, remarcando la cúpula que se abre sobre ellas, en cuyos capiteles se desarrolla un programa relivario figurado, así como en las líneas de imposta. En San Pedro de la Nave se han observado varias manos a la hora de realizar los diferentes relieves que existen en la misma, diferentes talleres, que desarrollan diferentes temáticas, que también dan cuenta de las diferentes fases de construcción por las que ha pasado el edificio.
En la cabecera, en el arco ultrasemicircular (arco de triunfo), que une el ábside con el cuerpo de naves, se desarrolla un programa relivario, tanto en los capiteles de las columnas que sustentan el arco, como en la línea de imposta, con una decoración fundamentalmente geométrica, aunque también aparecen racimos, pero de talla muy poco volumétrica, con un alto contenido simbólico, abstracto, sólo comprensible para los iniciados (motivos astrales, romboidales, cruciformes, circulares...). Además, las técnicas, en relieve plano y a bisel. Motivos que se repiten, se reiteran a lo largo del friso.
Las columnas que se apoyan en los machones que sustentan la cúpula del cimborrio, poseen por otra parte, motivos figurados ubicados en las líneas de imposta así como en los capiteles, troncopiramidales invertidos. Las diferencias con los otros tipos relivarios saltan a la vista, aquí se representan escenas del Antiguo Testamento, como Daniel entre los leones, o el Sacrificio de Isaac apoyados por unas inscripciones que narran el pasaje. La línea de imposta también es figurativa pero más simbólica, ya visto en época Paleocristiana, el enzarzado con uvas, que está siendo picoteada por aves, inscritos en los tondos que forman estos racimos. También cambia la técnica a utilizar aquí con respecto al arco de triunfo, más volumétrico, sin salir del bajorrelieve, pero con formas más redondeadas y son biselados. Además, el tratamiento de los ropajes, o el peinado de las figuras, se realizan con técnica incisa, incluso punteados. Llama la atención la deformación de la figura, incidiendo en aquellos aspectos que al artista le interesa resaltar, hacer más expresivos, como las manos en postura oratoria, así como las órbitas de los ojos, muy grandes, que le confiere a la figura un gran expresionismo.
Es posible, que otra mano diferente, otra escuela, se encargara de realizar otra serie de relieves en las basas de estas columnas, cuya técnica de realización, hace pensar en una fecha posvisigoda e incluso enlazando con la monarquía asturiana, donde se han encontrado ejemplos muy similares, como en el caso de San Miguel de Lillo/Liño.
Santa María de Quintanilla de las Viñas. (planta 9, lámina 17). Aquí la problemática reside en su conservación, ya que sufrió una destrucción parcial durante la Edad Media, por lo que hoy se conserva una cuarta parte de la misma, lo que es el arranque del crucero hacia la cabecera. Originariamente también era de planta basilical, que llegaba hasta el crucero, donde también se dejaban ver ciertas influencias de la cruciforme, sin llegar a originar una planta central como la de San Pedro de la Nave. Tras la destrucción, lo que se hace es tapar, cerrar la iglesia allí por donde las estructuras habían permanecido en pie.
Al interior, sólo se observa la cabecera, por lo que se puede observar, cómo se mantiene el arco de triunfo, enlazando la zona menos sagrada a la más, donde las columnas que lo sustentan no poseen capital, siendo la propia línea de imposta la que sirve de transición del arco a la columna. En esa línea de imposta se puede observar un relieve, en le que aparece una figura con un nimbo estrellado inscrita en un tondo recogida por dos ángeles. Este personaje estrellado, pudiera hacer referencia a una antigua divinidad, al Sol, que en época cristiana ve reinterpretado su significado, equiparándolo a Cristo. Además, el tratamiento de vestimenta y así como de los pliegues, pero también de la técnica a utilizar.
San Juan de Baños. ( Planta 6, Lámina 17). El problema en este caso, es la modificación de la planta con posterioridad, a la altura de la cabecera. En un principio era una cabecera tripartita, de muro de testero recto, e individualizadas. Con posterioridad, los huecos a ambos lados del ábside central se cerraron y se destruyeron los más externos.
Todo ello hatenido su repercusión en el interior, que ofrece un aspecto diferente, con naves unidas hasta la cebecera, en la que aparece un espacio diafano, que en su origen no lo era tanto, con elementos que obstaculizaban la visión interior.
Otro hecho que ha suscitado cierta controversia en esta iglesia, es la ubicación de la placa, de la inscripción fundacional, del año 621, sita sobre el arco de la nave central. Situación tan elevada, hace pensar si ese era el lugar original, por tanto, la propia configuración de la Iglesia, pero, aunque no está claro, sí parece hoy en día que lo fuera y no tanto que se deba a una remodelación altomedieval
Inscripción que pone en la pista a losinvestigadores, de la existenciza de un conjunto de aldeas, Villae, Dominios o un Monasterio. Incluso puede suponer un latifundio regio donde contaría con una iglesia como muchas Villae Tardoimperiales. Además, el nombre de la propia Iglesia, puede querer decir algo. San Juan es la advocación temprana asociada a estaciones termales y baños, objeto de construcción de muchos manantiales prerromanos y romanos, tamizados por el cristianismo. Porl oque puede estar haciendo referencia a una rtadición, más que a una innovación.
Santa Lucía de Trampal. (Figura 7, Lámina 17). No muestra duda de la existencia de iglesias de triple cabecera independiente. Se trata de un descubrimiento reciente, que se encontraba dentro de una maraña de matorrales, que una vez quitados, han mostrado la verdadera planta, compleja planta de esta iglesia. Se trata de tres ábsides de muro recto al exterior e interior, independientes ente sí, unido por un pasillo, que a su vez se une al cuerpo de naves por medio de un pequeño pasadizo, a modo de cuello de botella, dividido también por canceles, lo que remite a una jerarquización y división del espacio. En las estructuras del edificio han aparecido restos de muro, de los cuales, los más arcaicos corresponden a época romana, lo que lleva a pensar en la secuencia de un espacio sacro sobre otros anteriores. También aparecen añadidos contemporáneos, de una serie de estancias que se comunican con el pasillo de la cabecera, lo que hace pensar en un atrio pegado a la iglesia, y por tanto que esta iglesia formara parte de un espacio monasterial durante el siglo VI.
El Gatillo. Se trata de una iglesia de reciente aparición en Extremadura, concretamente a partir de unos utensilios en Bronce, donde se documentó su planta, fases constructivas y uso funerario. Cronológicamente se vincula a las iglesias de los siglos V-VI y a las tipologías propias de esta época: una nave, con ábside de muro de testero recto al exterior y semicircular al interior.
Se han constatado cuatro fases constructivas:
Constatada entre los siglos V y VI, que es el de la planta basilical.
Fase que tiene por objeto, la construcción de una especie de Nártex a los pies y la ampliación del edificio con una especie de nave supletoria, donde se constata la existencia de un nicho funerario.
Ampliación del edifico hacia ambos lados, con lo que se integra el nártex y la construcción de una segunda capilla lateral a la cabecera. A los pies de la nave, al lado del Nártex, se ha encontrado la piedra bautismal..
Construcción de un muro en mitad de la nave central, compartimentando el espacio, pero que, por su contexto se relaciona con los siglos VII/VIII, con lo que está en relación con el mundo islámico.
ESCULTURA ARQUITECTÓNICA Y RELIGIOSA: CANCELES, CAPITELES Y JAMBAS.
La aparición e múltiples canceles en Asturias, pertenecientes al mundo Hispanovisigodo, ha llevado a pensar si realmente existieron iglesias Visigodas en el Norte de la Península, o no. Caballero Zoreda, ha creído, que estos canceles, sería traídos a Asturias, a medida que la Reconquista iba siendo efectiva, como forma de legitimarse herederos del Reino Toledano. Por otra parte, parece, que la factura de estos canceles y capiteles, jambas, aparecidas en Iglesias Asturianas y Visigodas, serían de época Altomedieval. Sí parece claro, que dentro de los canceles Visigodos, algunos se hacen en época muy tardía, hacia el siglo VIII, posterior incluso al Islam. Serían ejemplos que en vez de seguir atendiendo a formas geométricas y simbólicas, reflejan descripciones formales de las mismas, hacia motivos que se abren en otros aspectos de la vida artística.
En una diapositiva, un cancel entrelazado de racimos y espirales, pero lo verdaderamente novedoso viene a la hora de representar su interior: rombos con círculos en el centro, que también, vistas de otro modo, son crismones en cuyo centro está la cruz, con un trazado interno de sogueados.
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